Domesticidades contemporáneas
UD Espegel + Cánovas
| Cursos | P3-P4 | ||
| Turno | LM 18:00-21:00 | ||
| Líneas de investigación y docencia | Domesticidades, Reactivaciones |
Profesorado:
¿Más madera?
Miguel Mihura, traductor de los diálogos de los hermanos Marx, acuñó la expresión conocida como “Más madera”, que en realidad nunca fue pronunciada por Julius Henry Marx. Para ser precisos dijo “Timber”, que en una versión leñadora y anglosajona significa: ¡tronco va!
A mí personalmente me gusta más la habitual “¡Más madera, esto es la guerra!”, mientras se desmontan los vagones para que el tren avance. Quizás no hubiese sido necesario desmontar todos los vagones, quizás ninguno.
La arquitectura también es reflejo de nuestra sociedad, la buena y la mala.
En estos momentos un tanto grises, lo ha dicho el Borbón, parece que el empleo de la madera como material de construcción se ha vuelto paradigmático. Es una patente de corso para hablar de la conservación del planeta, de la industrialización, de la economía circular… todo ello adobado por una convicción religiosa de haber encontrado “un camino”. La reflexión se acaba convirtiendo en una moda que valora más la utilización de un material específico que la adecuación de dicho material.
En cualquier caso, no es nada nuevo.
Por otra parte, y acompasado con la fe en el material, ha re-verdecido el orden. La vuelta al orden biempensante no parece una gran noticia, puesto que ese orden vuelve a relacionar arquitectura y poder… en realidad siempre ha sido de esta manera.
Este orden es, en realidad, un orden social, una militarización de las formas arquitectónicas autorreferentes que han invadido las academias más ortodoxas, las más pesadas en sus estructuras y las más fáciles de domesticar; por fin se ha cumplido ese deseo del “control”: acabar con la resistencia, entendida como libertad, y entronizar la resignación como seguridad.
Esa vuelta al orden, relacionado con la pasión pétrea y la fe en la madera como material de salvación, alinea la arquitectura con una sociedad cada vez más reaccionaria y pasiva.
Los valores de progreso, de mejora social, de cambio de las estructuras sociales se ven diluidos en el ácido ordenado de la fe, siempre unidireccional.
Siendo, por tanto, un poco “malpensantes” podemos apostar estos meses por la exactitud y la ligereza en términos arquitectónicos y también por el servicio a los demás desde una perspectiva social.
Ligereza
Para Italo Calvino, la ligereza (o "levedad") no es superficialidad. Es la capacidad de elevarse por encima del peso del mundo, de los miedos y de las dudas. Consiste en restar peso al lenguaje y a los temas, haciendo que las ideas sean ágiles y precisas, como una reacción contra la pesadez de vivir.
Exactitud
También para Calvino, la exactitud es una exigencia ética y estética que se opone a la vaguedad contemporánea.
Programa
Planteamos en una nave industrial (a elegir entre tres dadas) en el extrarradio madrileño un proyecto relacionado con el habitar.
Una serie de lugares de estancia temporal para vendedores ambulantes, muchos de ellos en situación irregular. Dichos espacios, compartidos o no, tendrán todo lo necesario para una estancia digna y además contarán con zonas de estancia comunitaria, cocinas y comedores que serán también utilizados por las personas vulnerables, convirtiéndose parte de esta actuación en lugares de refugio climático para los sin techo.
En definitiva un espacio que dignifique o que haga una vida más amable para “los sin nada”.
Como contrapunto, os proponemos leer este texto muy conocido, escrito en 1900, por Adolf Loos; que en sus obras hablaba también, como su compatriota austriaco Ludwig Josef Johann Wittgenstein, de exactitud y ligereza.
De un pobre hombre rico
Quiero contaros algo acerca de un pobre hombre rico. Tenía dinero y propiedades, una mujer fiel que, al besarle en la frente, le quitaba todas las preocupaciones que traía consigo el negocio, y varios hijos. Por todo ello, cualquier trabajador podía envidiarle. Sus amigos le querían porque en todo lo que intervenía prosperaba, pero hoy en día la situación es completamente diferente.
Le sucedió lo siguiente:
Un día le dije al protagonista de esta historia:
— Tienes dinero y propiedades, una mujer fiel e hijos, cosas por las que cualquiera de tus trabajadores podría envidiarte. Sin embargo, ¿eres feliz? Mira, hay personas a las que les falta todo esto que tú posees. Pero sus preocupaciones desaparecen gracias a un gran mago, el arte. Y para ti, ¿qué es el arte? Ni siquiera conoces su nombre. Cualquier advenedizo puede entregar su tarjeta de visita y tu servidor le abrirá la puerta. Pero nunca has recibido al arte.
— Ya sé que no ha entrado en casa, pero lo buscaré. Ha de mudarse a mi casa como un rey para vivir conmigo.
Era un hombre poderoso, lo que empezaba lo llevaba a cabo con energía. En sus negocios ya se estaba acostumbrado a esto. Y así, aquel mismo día fue a ver a un arquitecto y le dijo:
— Tráigame arte a casa. Los gastos carecen de importancia.
El arquitecto no dejó que se lo dijeran dos veces. Fue a la vivienda del hombre rico, tiró todos sus muebles e hizo que fuera allí un ejército de hombres para poner parquet, encalar, hacer trabajos de carpintería y albañilería, revocar; llamó a fontaneros, alfareros, tapiceros y pintores y escultores. Tendrían que ver ustedes cómo se introdujo y custodió el arte en casa del hombre rico. Éste era más que feliz y en ese estado de ánimo deambulaba por las nuevas habitaciones. Dondequiera que mirase había arte, arte en todo y en cada cosa. Cogía arte cuando cogía el picaporte, se sentaba sobre arte cuando se dejaba caer sobre un sillón. Su cabeza tocaba arte cuando, cansado, la apoyaba sobre la almohada; su pie se hundía en arte cuando pisaba una alfombra. Con inmenso fervor se entregaba al arte. Desde que su plato fue un plato decorado volvió a cortar con firmeza su boeuf à l’oignon.
Se le alababa, se le envidiaba. Las revistas de arte le enaltecían diciendo que era el primero de los mecenas. Sus habitaciones se copiaron y se pusieron como modelo. Lo merecía. Cada habitación constituía una completa sinfonía de colores. Pared, muebles y telas se hallaban armonizadas del modo más refinado. Cada objeto ocupaba su lugar determinado y combinaba maravillosamente con los demás. El arquitecto no había olvidado nada en absoluto. Ceniceros, cubiertos, interruptores, todo lo había diseñado él. Pero no se trataba de las artes usuales de los arquitectos, no; en cada ornamento, en cada forma, en cada clavo, se hallaba expresada la personalidad de su propietario (un trabajo psicológico de cuya dificultad cualquiera podrá darse cuenta). Pero el arquitecto, humildemente, rechazaba toda honra.
— No —decía— estas habitaciones no son mías. Allí, en la esquina, hay una estatua de Charpentier. Así como no admitiría que alguien dijera que una habitación era obra suya si había usado en ella algunos de mis picaportes; no puedo presumir tampoco de que estas habitaciones sean de mi propiedad espiritual.
Habló noble y consecuentemente. Cierto carpintero, que había revestido las habitaciones del rico con papel pintado de Walter Crane, y que quería atribuirse la paternidad de los muebles que en ella se encontraban porque los había creado y realizado, se avergonzó hasta lo más profundo de su negra alma cuando oyó esas palabras.
Volvamos, después de esta interrupción, a nuestro hombre rico. Ya he dicho antes lo feliz que éste era.
Gran parte del tiempo lo dedicaba sólo al estudio de su vivienda, porque tenía que aprendérsela. Pronto se dio cuenta de ello. Había mucho que ver. Cada objeto tenía su sitio determinado. El arquitecto había realizado su labor con la mejor intención, pensando en todo. La menor cajita tenía un espacio concebido precisamente para ella. La vivienda era cómoda, pero complicada. Por ello, el arquitecto vigiló el modo de vivir en ella de sus habitantes, durante las primeras semanas, con el fin de que no cayeran en ninguna falta.
El hombre rico se esforzaba al máximo. Pero sin embargo, ocurrió que al coger un libro, estando ensimismado, lo dejó luego en el lugar correspondiente a las revistas. También podía suceder que la ceniza de su puro fuera a parar a un rehundido de la mesa, destinado a un candelabro. Si alguna vez alguien tomaba un objeto, más tarde había que pasarse horas tratando de averiguar el sitio correcto al que correspondía. Y a veces, el arquitecto tenía que desarrollar sus croquis para poder encontrar el sitio que se había destinado, por ejemplo, a una caja de cerillas.
En un lugar en que las artes aplicadas habían obtenido un triunfo semejante, la música aplicada no podía quedar atrás. Esta idea preocupaba al hombre rico de un modo absorbente. Presentó una solicitud a la compañía de tranvías, pidiendo que en vez de tocar los timbres sin sentido, produjeran el tema de las campanas del Parsifal. No halló en la compañía comprensión alguna. Allí no se recibían con entusiasmo las ideas modernas. En cambio, se le permitió pavimentar la zona de delante de su casa, corriendo los gastos por su cuenta, de modo que cada vehículo que pasaba por allí estaba obligado a hacerlo al ritmo de la marcha de Radetzky. El sonido de los timbres eléctricos de la casa también se adaptó a motivos de Wagner y Beethoven. Y todos los críticos de arte más famosos alabaron enormemente al hombre que había abierto una trayectoria nueva: el arte en el artículo de consumo.
Puede imaginarse que todas estas «mejoras» hacían a nuestro protagonista aún más dichoso de lo que era. Pero no se debe silenciar que optó por estar el menor tiempo posible en su casa. Es natural que haya que descansar de tanto arte. ¿Podría usted vivir en una galería de pinturas? ¿O escuchar durante meses enteros Tristán e Isolda? Pues entonces, ¿quién podría censurarle porque se fuera a un café, a un restaurante, con amistades y conocidos/as, a reponer fuerzas? Él lo había imaginado de otro modo. Pero el arte exige sacrificios. Ya había hecho muchos por él. Sus ojos se humedecieron. Pensaba en aquellos objetos viejos que había querido y a los que, a veces, echaba de menos. ¡El gran sillón! Su padre siempre había echado la siesta en él. ¡El viejo reloj! ¡Y los cuadros! Pero ¡el arte lo exige! ¡No hay que ablandarse!
En cierta ocasión, celebró su cumpleaños. Su mujer y sus hijos le hicieron costosos regalos. Le agradaron sobremanera y le proporcionaron gran alegría. Pronto llegó el arquitecto para tomar decisiones en cuestiones difíciles. Entró en la habitación. Satisfecho, le salió al encuentro el dueño de la casa, que se sentía emocionado. Pero el arquitecto no vio la alegría del dueño de la casa. Había descubierto algo y palideció.
— Pero, ¿qué zapatillas lleva usted? —preguntó como costándole un esfuerzo.
El dueño de la casa miró sus zapatillas bordadas. Luego respiró aliviado. Esta vez no tenía culpa en absoluto. Las zapatillas habían sido realizadas según el proyecto original del arquitecto. Por ello, contestó con aire de superioridad:
— ¡Pero, señor arquitecto! ¿Ha olvidado que usted diseñó estas zapatillas?
— Cierto —bramó el arquitecto— ¡pero para el dormitorio! En esta habitación destroza usted con estas dos manchas de color toda la armonía que en ella existe. ¿No se da cuenta?
El dueño de la casa lo reconoció. Rápidamente se quitó las zapatillas y casi se murió de alegría porque el arquitecto no encontró inaceptables los calcetines que llevaba. Se dirigieron al dormitorio para que el hombre rico pudiera ponerse los zapatos.
— Ayer —empezó a decir tímidamente— celebré mi cumpleaños. Mi familia me colmó de regalos. Le he mandado llamar, querido arquitecto, para que nos aconseje la mejor manera de distribuir las cosas que me han regalado.
El rostro del arquitecto se alargó visiblemente. Luego, prorrumpió:
— ¿Cómo se le ha ocurrido permitir que le regalen cosas? ¿Acaso no he proyectado ya para usted todo lo necesario? ¡No necesita nada más! ¡Está usted completo!
— Pero —se permitió replicar el dueño de la casa— alguna vez podré comprarme algo, ¿no?
— ¡No, no puede hacerlo! ¡Jamás! Esto es lo único que faltaba, ¿cosas que no las haya diseñado yo? ¿No he hecho bastante permitiéndole el Charpentier? ¡La estatua que me roba toda la fama que merece mi obra! ¡No, no puede usted comprar nada más!
— ¿Y si mi nieto me regala uno de sus deberes del jardín de infancia?
— ¡No puede aceptarlo!
El dueño de la casa estaba anonadado. Sin embargo, no se daba por perdido. De pronto se le ocurrió una idea, ¡sí, una idea!
— ¿Y si quisiera comprarme un cuadro de la Secession? —preguntó triunfante.
— Intente, intente colgarlo en algún sitio. ¿No ve que no sobra espacio para nada más? ¿No ve que, para cada cuadro que colgué en su casa, compuse también un marco en la pared? Con otro cuadro no podría ni moverse. Pruebe a poner otro, ande.
Entonces, se produjo una transformación en el hombre rico. De feliz pasó a ser profundamente desgraciado. Veía su vida futura. Nadie podría proporcionarle alegría. Tendría que pasar ante las tiendas de la ciudad sin ningún deseo. No se crearía nada más para él. Ninguno de sus seres queridos le podía regalar su fotografía. Para él no habría ya pintores, ni artistas, ni artesanos. Se hallaba excluido de la vida futura y del aspirar a algo, del ser y del anhelar. Sentía: ahora hay que aprender a circular con su propio cadáver. ¡Sí! ¡Está acabado! ¡Está completo!
Localización
Preexistencias: Naves industriales en el sur de Madrid.
Se facilitan fotografías, plano de situación, plantas tipo, alzado y modelado 3D.
Cronograma
Miércoles 2 de septiembre de 2026. Presentación de UD’s.
Semana 1
L7 de septiembre. Presentación de ejercicio en el aula. Conformación de grupos de trabajo.
M8. Comienzo de maqueta base de la preexistencia.
Semana 2
L14. Entrega de maqueta. Corrección conjunta.
M15. Elección de variables.
Semana 3
L21. Entrega Variables. Corrección conjunta. Variables.
M22. Entrega Referencias programáticas.
Semana 4
L28. Programas y destinatarios. Trabajo en el aula.
M29. Entrega Programas. Corrección conjunta.
Semana 5
L5 de octubre. Correcciones individuales de propuestas.
M6. Correcciones individuales de propuestas.
Semana 6
M13. Pre-entrega dotacional.
Semana 7
L19. Corrección conjunta.
M20. Corrección conjunta.
Semana 8
L26. Entrega dotacional.
M27. Corrección conjunta.
Semana 9
M3 de noviembre. Entrega de Referencias habitacionales.
Semana 10
M10. Trabajo en clase y correcciones.
Semana 11
L16. Pre-entrega Espacios de cohabitación.
M17. Corrección conjunta.
Semana 12
L23. Trabajo sobre células.
M24. Trabajo en clase.
Semana 13
L30. Trabajo en clase.
M1 de diciembre. Trabajo en clase.
Semana 14
L14. Tutorías.
M15. Tutorías.
Semana 15
Lunes 21. Entrega final de curso.
Programa de curso
| Curso 2026 – 2027 | Cuatrimestre de otoño | ¿Más madera? | Enlace |
| Curso 2025 – 2026 | Cuatrimestre de primavera | Incautar para reconstruir | Enlace |
| Curso 2025 – 2026 | Cuatrimestre de otoño | Para ver más es, a veces, mejor mirar menos | Enlace |
| Curso 2024 – 2025 | Cuatrimestre de primavera | Datos frente a relatos | Enlace |
| Curso 2024 – 2025 | Cuatrimestre de otoño | DIFUSA INCERTIDUMBRE | Enlace |
| Curso 2023 – 2024 | Cuatrimestre de primavera | El prestigio del mediterráneo | Enlace |
| Curso 2023 – 2024 | Cuatrimestre de otoño | Usos fugaces(II) | Enlace |
| Curso 2022 – 2023 | Cuatrimestre de primavera | Domesticidades(I): sin casa, no sin hogar | Enlace |
| Curso 2022 – 2023 | Cuatrimestre de otoño | VACÍOS INTERIORES | Enlace |
| Curso 2021 – 2022 | Cuatrimestre de primavera | Zurcidos florales | Enlace |
| Curso 2021 – 2022 | Cuatrimestre de otoño | territorios de excepción | Enlace |
| Curso 2020 – 2021 | Cuatrimestre de primavera | Genealogías operativas | Enlace |
| Curso 2020 – 2021 | Cuatrimestre de otoño | La felicidad es el olvido | Enlace |
| Curso 2019 – 2020 | Cuatrimestre de primavera | USOS FUGACES | Enlace |
| Curso 2019 – 2020 | Cuatrimestre de otoño | RECARGAR | Enlace |
| Curso 2018 – 2019 | Cuatrimestre de primavera | ||
| Curso 2018 – 2019 | Cuatrimestre de otoño |